Nunca vi en el viento la intensidad de la tristesa, corría lentamente mientras se quedaba en mi corazón y caminé entre valles para acallar el grito que me carcomía pero no encontré una sola luz que me permitiese volar más allá de ese abismo aterrador en el que me hundía.
Y así pasaron los tiempos y mi oscuridad no partía; lentamente como una flor que se muere en el olvido me fuí consumiendo y las lágrimas dejaron de brotar ya no pedía clemencia ante mi corazón, ante este dolor.
Nadie ha escuchado este lamento, mis labios no han pronunciado palabras de salvación. Ahora en este tiempo vuelvo a ver la inmensidad más intensa tristesa que corre por los jardínes, jugando en los atardeceres, volviéndome, matándome.
Letargo de olvido, canción del desociego perverso, coplas de aterradores versos que me envuelven , que me queman en un fuego frío apoderándose de mis noches en vela y áun en mis días de ensueño.
Esta noche hasta la luna llora lentamente, la melancolía pesa, el dolor sucumbe una ira desbordada, el cuerpo muere, y esta es la historia repitiéndose por siglos para finalmente elevar el alma hacia los sucios cielos.
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