domingo, 20 de septiembre de 2009

Claro de luna

Se escuchaba una melodía de jazz al fondo, leve, casi cordial pero su alma estaba en choque, casi las doce en el reloj; miraba hacia una luz leve y mortecina; si esa luna que podría hablar de enamorados, del encanto de la seducción entre dos cuerpos, de los crimenes, de la locura aterradora, tanto y más pensaba más no soñaba.
Chocó con un hombre mientras que atravesaba la calle, no le miró el rostro sólo su capa negra, su imagen de vuelo de la tela pero el  jamás se disculpó, atravezó la avenida mientras que los automóviles con sus luces le deslumbraban la vista.
Caminó por la calle oscura, sólo a lo lejos le acompañaba el claro de luna, recordó como le gustan estos lugares oscuros, fríos, tenebrosos para cazar cuerpos con sangre tibia. Hacia semanas que no la probaba; había dejarlo de matar porque empezaron a perseguirla después de encontrar varios cuerpos, era una caza de perros voraces, de inteligencia, de maldad, de humanos racionales y ella era en parte una mezcla de salvaje animal más su tanto de humanidad.
Sintió  un leve escalofrío, una llamada hacia la transformación, su mirada traviesa de niña inocente pero fría, dura, criminal, se tocó las manos, estaba aún más alterada, no habia salida esta noche pasaría, tenia que ocurrír ver pasar la muerte por su propio ser. Sólo así estaría tranquila, fluiría su energía, su demonio, su paz.
Estaba cerca de su casa sólo cinco cuadras, entonces corrió, llegó tan rápido que ella misma se soprendió, brincó la barda de un solo salto, los perros de la cuadra se desquiciaron entonces, todos se uniron al coro de la tragedía, se volcó hacia el suelo, todo se aceleraba en su metabolismo, le dolía, la partía, la deformaba en ese moustruo licantrópo que aterraba a las almas de este mundo.
Quizá era una quimera, una sensación de rabia que no se contiene con solo decearlo, sus sentidos vueltos loco, la necesidad de matar.
Volvió a saltar la barda, miró hacia el norte y el claro de luna iluminó su rostro, le brindó un aullido poderoso, extremecedor, los perros seguían enloquecidos, y corrió nuevamente hacia la búsqueda de las victimas, esta vez no solo queria un cuerpo, los quería en grupo para que los encontraran y descubrieran que esto era un reto, su parte de la adrenalina, los periódicos decían que era un perro salvaje manipulado por un loco, y en parte tenían razón, su animal ganaba pero su racionalidad le guíaba.
Era la una de la madrugada, un grupo de chicos salian de un antro, envueltos de alcohol, tres se subieron a un coche, otros cinco en una camioneta, ella les observaba desde una distancia prudente desde un arból, justo encima de sus cabezas. Tardaron un poco en encender el carro, pero ella supo esperar, bajó sigilosa de la rama y se montó en toldo, arrancaron lentamente, podía escuchar su conversación perfectamente, el ruido de la música electrónica, pasaron los minutos, llegaron a su destino. Se abrío la puerta automática del estacionamiento del edificio de departamentos, sin querer se golpeó con una hoja de la puerta al cerrarse estas, casi resbala, todo podría haber salido mal.
En el interior del estacionamiento todo estaba callado, la música cesaba y nuevamente tardaron en salir de la camioneta, espero una vez más, recordó la luz de luna, la noche, los golpes, la furia, el acecho y atacó, despiadadamente, no tubieron oportunidad de defendenser, rápido, contundente, eficaz, sólo la sangre brotó demasiado, todos calleron, fué un baño despidiado de muerte, buscó un ducto y por ahí salió.
Buscó otro lugar oscuro, se quitó la careta de licantrópo y se durmió junto a la basura para que no fuera descubierta. Pasó la noche a la mañana, las seis para ser exactos, entontró entre las bolsas ropa vieja que utilizó para cambiarse, tomó la suya y se marchó.
Cuando caminaba vío por última vez la luna casi dibujada por un blanco deslavado ya sin su poderosa influencia de la noche anterior. Sonrío, tomó un taxi y partío con todos sus recuerdos y olvidó.
Quizá por la mañana próxima aparecería publicado todo lo sucedido, su reto, su caza, su tortura,  su claro de luna.








No hay comentarios: