lunes, 24 de agosto de 2009

Días

A veces te miro desde lejos, tan cerca, que haces que todo cambie, buscándote en los lugares más insospechados; en la bulliciosa gente, en los parques donde esta el silencio, recorriendo las calles de interminable tráfico, entonces surge tu aroma, estás aún más presente, viajó al tiempo y te vuelvo a encontrar en mis recuerdos en las pláticas acompañadas de atardeceres, estas conmigo y te confieso que te quiero por breves lapsos de amor que surge de entre los dos mientras ríes, mientras callas.
A veces pasa el tiempo, se vuelve raramente envenenado, porque no encuentro alguna señal tuya, me consuelo en la vida y creo perderte nuevamente, lentamente, para borrarte de mi mente, pero resurges con más fuerza, con la luz inigualable de felicidad y todo aquello que hemos perdido se congela y aparece la continuidad, como si nada faltara entre los dos.
Después de todo esto estamos los dos contemplándonos, redescubriendo toda esta magia y el mundo mio se estremece y ya no quiero dejarte, quiero que llenes todo este espacio de tu esencia de tu tibio calor.
Quiero pronunciar tu nombre con inmensa libertad, saber que eres mio, que me amas y pasar por los caminos de la vida dulcemente enamorada de tu ser.