viernes, 8 de mayo de 2009

Sueño blanco

Era el punto donde la tarde tiene una tibieza lenta y suave, el sol reflejaba unos toques dorados que acarician la pared, tan benevolente se vuelve el tiempo que esta dulzura pasa al alma para tranquilizarla olvidando que el mundo exterior esta enrarecido de los extremos del bien y del mal.
Esta paz hace que me recueste sobre la almohada, mi mente para la realidad, busca los recuerdos, puedo reír, puedo llorar, pero entre ellos surgen los suspiros que se vuelven como un canto de sirenas, esta melancolía pasa como un suave viento, cierro mis ojos y viajo por nuevos senderos.
He me aquí en un nuevo sueño, es un hermoso campo de tonos dorados gracias a los girasoles que le cubren, el sol esta presente solo en medio cuerpo, mientras que unas niñas pasan alegremente hacia un destino que me es desconocido, pero su risa es una melodía que hace tiempo había olvidado, que me brinda inocencia y ternura. Entre este paisaje surge una pequeña cabaña de madera, en una de sus pintorescas ventanas esta un rostro que me brinda una sonrisa, que me extiende la mano y me invita a pasar.
Ahora lo se, yo he estado antes en ella, cuando se abre la puerta una joven de curiosa palidez me recibe me toma la mano que hace que me recorra un leve escalofrío, vuelve a sonreirme para olvidarme al instante lo que ha sucedido.
La chimenea de piedra esta encendida, la pequeña mesa que hace juego con la madera de la pared, guarda dos sillas que acompañan junto a una tetera que espera ser usada, yo observo calladamente este fondo, ahora se que me habla, que me cuenta un secreto pero no entiendo o rapidamente olvido lo que me cuenta poruqe estoy sorprendida pero no se porque será este asombro.
Vuelvo a mirarla, toda ella es tan blanca, transparente, tan lejana, surgiendome la duda de su existencia porque de sus ojos brotan lagrimás que se transforman en diamentes de rara belleza desprendiendo una cálida luz blanca, como ella, como la nieve. Curiosamente una vez que brotaron de sus ojos, las recoge para colocarlas dentro de un pequeño frasco de cristal en el centro de la estancia.
Con una inmensa calma sirve un poco de té que me recuerda el aroma de las naranjas recien cortadas, se oye un ronroneo de un pequeño gato que contrasta con la dueña, es dueño de un negro más oscuro que una noche de invierno, con los ojos de un tibio azul, pasa por debajo de la mesa donde estan las lágrimas de diamente, bajo nuestra propia mesa para posarse en las piernas de su dueña.
Derrepente se azota la puerta, volteo bruscamente al origen del sonido, es hora de partir, salgo de la cabaña sin una despedida sin volver hacia atrás, la noche ha tocado el campo, ahora es de un amarillo apagado con un fondo negro con ulas lucecillas llamadas estrellas, algo grita mi nombre entonces se desvanece todo, abró lentemente los ojos.
El lugar esta tranquilo, son las nueve de la noche, la realidad vuelve con un canto de un grillo, y la luz de una lámpara me recuerda su paildez espectral, sus lágrimas, un punto que no recuerdo, corró hacia la calle, busco y café y me pierdo bajo la humanidad, evaporándose el sueño donde solo existe, donde solo sobrevive.