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domingo, 21 de junio de 2009

PARA UN AMOR (o seis años después)...


Me llegó tu recuerdo, una tarde lluviosa en que reencontré toda esa ternura.
Viajaba por el tren repleto de gente lejana, ausente, en un momento las puertas se abrieron y en un instante esa fragancia que entró derrepente hizo que mi mente trabajara como un gran máquina que echada andar hizo que sobreviniera tu recuerdo.
Fragancia dulce que me dibujó una plácida sonrisa en mi ilusa cara, me brotó tu nombre: H... el cual me hizo feliz, el que me hizo vivir para tu tiempo, en otros tiempos.
Ahora eres así, un recuerdo más que se ha ido diluyendo con todos los días de separo, porque mi mirada ya no ha encontrado tu cuerpo sólido vibrante de vida donde alguna vez busqué consuelo o refugio para todo mi sufrimiento que sentía por los mismos problemas de mi vida.
Llegaste así una mañana vestido de azul, no eras un príncipe , no eras un sueño, más bien un hermoso ser humano de mirada triste, con tu dulce fragancia de vida.
Y así te veía a escondidas, pero muchas veces de frente, mientras que tu llamabas por teléfono a tus amigos para contarles una nueva ilusión, una nueva pasión; mientras que yo sentía un extraño florecimiento de sentimientos, una confusión por reconocerte, por no entenderte.
Pasaban los días, hablamos de trabajo, te miraba, me mirabas pero no encontraba la oportunidad para acercarme más a ti, de traspasar la frontera hacia lo personal, un tiempo después tras de una discusión pasajera se dió este paso, trataste de entenderme pero de mi boca no brotó la respuesta, aún así me calmaste, me llevaste hacia ti surgiendo una verdadera amistad.
Realmente todo cambió, llegando nuevas sensaciones, estando presente tu ternura, me desnudaste tu alma al igual que yo hiciera lo mismo, aún así sin un compromiso, solo con la entrega de querernos, por cuidarnos y encontrarnos.
Dulcemente llegaste a mi corazón, como lo hace el agua en la orilla de la playa con su cordial susurro tranquilizador y me impulsarte a ser una mejor persona, crecí, porque tomaste mi mano guiándome hacia una luz tranquilizadora, conociendo un respiro, aprendiendo a querer, a creer, a vivir con una verdadera ilusión.
Azul, apacible azul, tu cara, tu cuerpo, el olor, la comprensión, la locura del amor, todo esto me envolvió tal como lo hicieron tus abrazos, tus juegos de niño, toda tu verdad para creer que eramos nuestros, tan cálidos, tan hermosos.
Nadie te conocía tan calladamente, tan profundamente como yo, ver tu mirada, tu sonrisa, tu tristesa, tu frustración, cada sueño que forjabas, que alimentabas para tratar de hacerlos realidad, sí, te cuide tu alma, te consolé con cada una de las horas que me dedicabas, en que estábamos solos bajo esa bodega, y aún así con la gente podías sentir mi cariño y también el tuyo, y con todo ello te abrí más tu alas para que continuaras con tu libertad.
Y siguió corriendo el tiempo, todo se escapó en un momento más deprisa que el agua, y al día siguiente ya no estabas, rodó el abandono ya no solo por tu presencia, el mundo, aquel que siempre esta abierto se empezó a cerrarse para mi, empezando a desaparecer, resintiéndome en un gran desierto. Al principio recordaba tus brazos, tu fragancia estaba en mi, no tenia miedo pues contaba aún con tu ternura pero finalmente se diluyeron, mi sonrisa desapareció, moría sin entenderlo, nada, simplemente nada me brindaba un consuelo, un enorme derrumbe, la calma se partía al igual que mi corazón, tu me hacias falta...
Pude verte una vez más, pero ya estaba nuestro tiempo fracturado, no represente siquiera un encanto, siendo voluble y aún aquí sigo por el mismo sendero, este sigue siendo mi escudo.
Los pedazos de la historia se hicieron más pequeños que cristales, te has llevado algo maravilloso de mi sin saberlo y ahora estoy incompleta, pues lo que ha quedado lo cubrí de tierra con los pretextos de una nueva vida ya sin ti, seguí mis propios sueños en un estado atolondrado y te perdí.
Sí, pasaron las noches y te recordaba, ahora mismo lo hago bajo un cielo azul con nubes lluviosas con un toque de viento citadino en una tarde y ahora entiendo que ya estamos en paz, pues te tocó en mis recuerdos, me iluminas con la magia que me dejaste en el alma, dulcemente, calladamente en todas esas mañanas que compartimos una risa, un abrazo, y un amor que fue un hermoso sueño.
Lo último que me llega es el recuerdo de de la forma en que te mordías los labios cuando llamabas y me mirabas tras el mostrador y no sabía a que llegaría toda esta pequeña historia.
El recorrido del tren ha terminado, pero aún no llegó a mi destino, corro hacia el nuevo transporte y empiezo a soñar para mi, sin ti.
Te quiero, y te guardo hermoso recuerdo en mi alma, de ahí no partirás, muchas gracias por continuar.