Las rosas no han durado, han quedado destrozadas sobre la mesa, han perdido todo su encanto, más no se encontaran con la madre tierra tan pronto como ellas quisieran, porque las han tomado para depositarlas en un bote para que terminen de pasar sus últimos tiempos en este lugar llamado hogar.
Ahora tocan la puerta, es el barrendero, pasa hacia la cocina, toma el bote, una que otra asoma sus tallos que ya no contiene las espinas. Un tropiezo, ahora se han esparcido los pétalos, los tallos, el bote de leche, la comida de antier, la pelusa de la alfombra, todo es desperdicio, el olor molesta. Apresuradamente se recogen con el recogedor, nuevamente se asoman, pero esta vez se encuentran mezcladas con todos los demás componentes del bote de basura.
Ha cerrado, la puerta ya nada volverá, ahora la mesa esta vacía, solo es belleza estética de inmensa superficialidad y raciocinio.
Esto continuará hasta que nuevas flores estén para robarme un poco de oxigeno mezclado con un poco de melancolía.
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