Su casa olia a manzanas verdes, era invierno, pero sin embrago conservaba esa dulce fragancia, un rayo de sol atravesaba la estancia mientras que ella escuchaba una y otra vez el tic tac de la maquinaria de un reloj, era un golpe seco, distante, pero le tortutaba a cada segundo. Hace más de tres días que no venía a nadie, su teléfono estaba saturado de mensajes, mas no queria escucharlos, lo único que le consolaba eran todas las canciones que contenia su reproductor, eran cientos de historias y en todas ellas vería reflejada una parte de su historia, el amor, el desamor, la locura, la esperanza, el cielo y el infierno, todo aquello sucede mientras las lagrimas brotan de sus ojos color marron, ella se abrazaba a sus pies, replejandose en si misma.
Tres horas después de estar tirada en el suelo de su sala, recodó que tenia que alimentar a sus peces, se levantó lentamente, dirigío su mirada hacia el nicho donde estaba la pecera, recordó el sonido del agua, recorrió las burbujas que surgian de la bomba desde su naciemiento hasta su muerte en la orilla donde termina el agua para perderse asi con el ambiente de la atmosfera, contempló a continuacion los cuerpos de los peces ya muertos, y nuevamente como antaño las lágrimas brotaron de sus ojos, tomó entonces la pecera con cuidado, vacio el agua en la cocina y con cariño colocó los cuerpos en una una bolsa color azul hablandoles por ultimas de las aguas tornazoles del mar, la que jamás conocerían, su sueño era llevarlos a conocer esos parajes de playas virgenes, de un sol dorado y abrazador con un cielo de reflejo de azules que serían su delicia, los dejaría libres para que pudiesen ser libres, pero ahora todo eso era un lejano resplandor.
Con una pequeña cuchara de jardinería desenterró la tierra, cabo un hoyo profundo y metío a sus cuerpecillos redondos, inertes de vida, ocho para ser exactos, pensó entonces que cabria mas silencio en su corazón y tal vez en primavera se encontaría más recuperada para recibir nuevamente compañia,.
Tomó una taza de te helado, tocó la tarja, el refrigerador, la vajilla, pero nada contenia vida, solo energía, materia inerte, volvió quizá a salirse de su mundo, porque recordó un imagen, un rostro, a un amor ya terminado, pero esta vez fue fuerte, recordó con detalle su historia de amor que esta inconclusa, fué de ella, sabia de sobra que se amaron hace tiempo, cuando las rimas brotan por si solas y el corazón late aceleradamente con su presencia, y los sueños parten hacia cada punto del universo, la lluvia resulta bendita, pero la luna es la mejor compañera porque ilumina las noches con su dulce luz de plata, la complice perfecta de besos, de cuerpos que se tocan ardientemente, amantes que aman lo inombrable, más todo aquello tambien se marcha en cualquier instante para vivir como ella vive en un punto en esta vasta ciudad, sola y nada más.
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