domingo, 6 de abril de 2008

TRISTEZA

Nunca vi en el viento la inmensidad de la tristeza, corría lentamente mientras se quebrantaba en mi corazón; y caminé entre valles para acallar el grito que me carcomía, más no encontré una sola luz que me permitiese volar más allá de este abismo aterrador en el que me hundía.
Así pasaron los tiempos y mi oscuridad no partía lentamente como una flor que se muere en el olvido; me fui consumiendo y las lágrimas dejaron de brotar, ya no pedía clemencia para mi querido corazón, idílico dolor.
Nadie ha escuchado este lamento pues mis labios no han pronunciado palabra de salvación. Ahora en este tiempo vuelvo a ver la intensidad inmensa de la tristeza corriendo por los jardines, jugando en los atardeceres, volviéndome, matandome.
Letargo de olvido, canción de desociego perverso, coplas de aterradoras versos que me envuelven, que se queman en un fuego frío apoderándose de mis noches en vela y aún de mis días de ensueño.
Esta noche hasta la luna llora lentamente cuando la melancolía pesa, el dolor sucumbe a la ira que se desborda, el cuerpo se muere y esta es la historia, repitiéndose durante siglos elevándose el alma hacia un cielo.

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