Estaba ahí carne que no era carne, río que no contempla agua en sus entrañas, corriente que no esta atrapada por una fuerza, polvo que se alimenta del miedo. Ven sientate a mi vera destrozandome en mil pedazos pero entregate silencioso, coloca tus ojos hacia el infinito para que otros nos miren con la frialdad de la costumbre con olor de los fantasmas.
Tu canto es un sonido hueco en una lluvia de enero que altera el cielo. Estoy puesta en el punto de la tierra y el inerte por este atormentado corazón que ya no se si es culpable de toda esta soledad, por la marca de la indiferencia, de una maldad incomprendida.
¿Qué hay que no siento el corazón, aunque broten lagrimas de sal, de lluvia o simplemente de la sangre por el invierno, por la primavera o en la noche o en el día?
Tomen mis manos para ver si me las arrancan y con ellas mis ojos porque mi corazón ha sido devorado por incontables bestías de un mundo perverso, soy una alma sin su escencia vital.Agoten este infierno de llamas, toquen mis pertenencias, lean mis escritos malditos de tristesa y ya no vuelvan más olviden mi existencia que parte hacia necesidad de aislarse, de corromperse de desamor.
Escrito de un tiempo muerto, en la urgencia de buscar una nueva verdad para dar sentido a esta otra forma de vida...